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Tormenta arancelaria y T-MEC fuerzan cambios en producción automotriz de México

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con información de Milenio

El modelo que durante décadas hizo de México el paraíso de la exportación automotriz hacia Estados Unidos ha dejado de ser rentable. La imposición de aranceles del 25% bajo la Sección 232 de seguridad nacional por parte de Donald Trump, sumada al endurecimiento de las reglas de origen del T-MEC, ha restado atractivo al ensamble tradicional en el país. Ante este escenario, al menos diez grandes firmas —como Toyota, Nissan y BYD— se han visto obligadas a reestructurar sus estrategias de manufactura global para reducir su exposición arancelaria.

La respuesta de la industria no se ha hecho esperar. Toyota anunció una inversión de 3,600 millones de dólares para ampliar su complejo en San Antonio, Texas, hacia donde trasladará la producción de la pickup Tacoma que actualmente se fabrica en Baja California; no obstante, mantendrá su planta de Guanajuato para el mercado local.

Por su parte, Nissan concluyó la producción en su histórica planta de Civac, Morelos, para concentrar sus operaciones en Aguascalientes. En este mismo estado, la alianza COMPAS (creada junto a Mercedes-Benz para producir modelos premium como los Infiniti QX50, QX55 y el Mercedes GLB) cerró sus puertas de manera definitiva el pasado 31 de mayo de 2026 tras casi una década de operaciones.

A nivel global, la crisis impacta de diversas formas: Volkswagen aplicó recientemente un paro técnico en Puebla del 29 de junio al 12 de julio, en medio de versiones sobre un recorte masivo de hasta 100 mil empleos a nivel mundial, mientras que Honda canceló el lanzamiento de tres vehículos eléctricos en Norteamérica debido a la desaceleración de la demanda y cambios regulatorios en EE. UU.

Frente a las barreras norteamericanas, el mercado nacional surge como refugio. General Motors inyectará mil millones de dólares en Ramos Arizpe para ensamblar los modelos Groove (2027) y Aveo con miras al consumo interno, mientras destina 4,000 millones a EE. UU. para armar las camionetas Blazer y Equinox. Asimismo, Stellantis reorientó sus plantas de Saltillo y Toluca para fabricar la RAM 1500 y modelos Jeep destinados al mercado mexicano.

En el terreno de las firmas chinas, la incertidumbre geopolítica mantiene los planes en vilo. BYD no ha concretado la ubicación de su planta tras dos años de análisis, mientras que Chery (Chirey) evalúa utilizar la capacidad ociosa de otras ensambladoras o aliarse con un fabricante local para no arriesgar capital en una planta propia.

Finalmente, el caso más emblemático de esta parálisis es Tesla. A más de tres años del anuncio de la Gigafactory en Santa Catarina, Nuevo León, la construcción no ha iniciado. Tras las advertencias de Elon Musk sobre los aranceles, la firma optó por congelar el proyecto indefinidamente y aprovechar la capacidad instalada en sus plantas de Estados Unidos. La era dorada de la exportación libre de trabas en la frontera norte parece haber llegado a su fin.

IA

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