con información msn
Antes de consolidar un imperio empresarial, Jorge Vergara enfrentó quiebras financieras y severos problemas de salud. En su búsqueda de alternativas, emigró a Estados Unidos, donde ingresó como distribuidor de Herbalife. Su desempeño fue sobresaliente: a los 31 años se convirtió en el vendedor número uno de la compañía a nivel nacional en territorio estadounidense.
Sin embargo, el éxito operativo trajo secuelas físicas. El empresario ingería hasta 120 tabletas diarias de suplementos, un régimen que le provocó dificultades digestivas y pérdida de peso. Esta experiencia lo llevó a cuestionar el formato tradicional de consumo y a diseñar una solución: convertir los comprimidos rígidos en suplementos vitamínicos líquidos, adaptados a las necesidades del consumidor mexicano.
Vergara presentó la propuesta directamente al fundador de Herbalife, sugiriendo además ajustes al sistema de ventas. La respuesta fue un rechazo categórico; la directiva se negó a modificar su fórmula comercial. Ante la negativa, el emprendedor decidió independiente y fundar su propio camino.
En 1989 se alió con socios estadounidenses para crear Omnitrition USA, proyecto que comercializaba la vitamina líquida Omni IV. Posteriormente, en 1991, junto con Maricruz Zataraín, fundó en México la compañía Omnitrición —que más tarde se transformaría en Omnilife—.
El arranque fue austero. Vergara inició operaciones con seis distribuidores en precaria situación económica. Su producto insignia fue Omniplus, un concentrado vitamínico líquido comercializado a 1,000 pesos por litro. Aquel rechazo corporativo no solo impulsó la creación de una firma multimillonaria, sino que transformó la industria de suplementos en la región.
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